lunes, 19 de marzo de 2012

Días 69-74: La Paz

La Paz. Bonito nombre. Aunque a mí, personalmente, no me proporcionó exactamente eso, sino que me pareció una ciudad bastante caótica. Y el caos no es malo, dentro de un mínimo orden; pero, sinceramente, no fue un caos que nos enamorase. Otros adjetivos que me vienen a la mente son: gris y fría. Y es que en cuanto se va el Sol, ahí arriba hace una rasca importante, y da igual que sea verano o invierno, porque la altitud es nuevamente brutal, y se nota el frescor en cuanto se esconde Lorenzo. Y no sé si la palabra es sucia, porque suena muy mal, pero digamos que muchas de sus calles no te invitan a sentarte en el suelo y tomarte unas birras y unos bocatas con la muchachada.

Me doy cuenta de que estoy poniendo casi por los suelos a Bolivia, y no es mi objetivo mi mucho menos, pero las sensaciones que nos ha dejado al Equipo son como las intento contar. Es un país árido, que ha pasado por muchas dificultades durante su historia, y me temo que todo eso se refleja todavía en sus gentes. No saben tratar a los turistas, de hecho, parece que no les gustamos nada. Son inexpresivos, quizá algunos ni nos entiendan, aunque me temo que la cuestión es que no nos quieren entender. Y es una pena, principalmente por ellos, porque no te invitan a pasar más tiempo con su gente, a intentar conocerlos, y, por lo tanto, a gastar más dinero en sus comercios y servicios.

Lo que más nos gustó de la ciudad fue el llamado Mercado de las Brujas. Son tres o cuatro calles estrechas, por el centro de la ciudad, en las cuales puedes encontrar cualquier tipo de cosa extraña, baratija, amuleto, medicina natural, droga o personaje singular con locas historias sobre la ayaguasca y sus viajes por el tiempo para encontrarse con Dios. Es un lugar muy curioso, y la verdad es que es diver. Cien por cien seguro de que si vas allí, vueles con algo en las manos. Chaquetas de lana típicas del país, colgantes, pulseras, pellote, hierbas para curar el mal de ojo, o diminutos fetos de llama flotando en botellas de cristal... Sí, amigos, como suena, aquí hay pa todos. Así que el que se pase por La Paz, que no deje de ir a este pintoresco mercado, porque no creo que haya nada más auténtico que eso en toda la ciudad.

Dejando a un lado los cuentos de brujas y los ciegos que se pillan los hippies y artesanos por esos lares, pasamos muchas horas de nuestro tiempo metidos en el hostel, y es que el hostal sí que estaba de puta madre. Tenía un bar enorme que estaba siempre lleno de peña y en el que todas las noches había una fiestaca de rigor. Era barato el beber allí, incluso el comer salía muy bien. Además, tenían un cocinero bastante jefe que preparaba unos platos de pasta dignos de la mismísima Roma. Sí, ahí lo pasamos muy bien varias noches, y luego, todos los del hostel nos íbamos juntos a seguir la fiesta al garito que tocase ese día en cuestión. Mucho australiano loco, que les gusta más la fiesta que hacer surf. ¡Qué tíos los aussies! Tienen más peligro que el grandísimo Ronaldo el día de su cumpleaños.

Creo, y digo creo, porque no tengo muchas notas en mi diario sobre Bolivia, que pasamos unos 6 días en total en La Paz, y lo hicimos en dos etapas, aunque aquí lo ponga todo junto; porque entre medio de las dos estancias, nos fuimos 3 días al salar de Uyuni. Donde, por cierto, tuvimos ciertos roces con la gente del lugar... Sí, parece que en Bolivia no nos ha salido todo tan rodado como en los anteriores países... Pero oye, son experiencias inolvidables igualmente. Y de todo se aprende. De lo bueno, de lo malo, y de lo regulero. Pero ésa, la del salar de Uyuni, es otra historia...

5 comentarios:

  1. veo que Bolivia ha triunfado jajaja
    pd. dale mas caña al blog que vas muy atrasado jejej

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  2. Curiosidad por saber del salar. Abrazos al equipo, Gos.

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  3. Deja las fiestas de una puñetera vez y escribe, puto vago. Que ya estas en Mexico, y pones Bolivia. Menuda panda estais hecha.
    Si, soy yo. El puto Jones. Mil abrazos troupe.

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    1. Tienes toda la razón. Gos.

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  4. Grande, Yube. Eres la unica persona capaz de desprender cariño de esa manera tan extraña y personal, como tu solo lo haces. Nosotros tambien te queremos. Abrazos desde Playa del Carmen, camino a no se donde en breves...

    Joviak

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