miércoles, 23 de mayo de 2012

D'ias 101-107: road movie

El lunes en Pinamar alquilamos un coche para una semana entera. Ten'iamos que devolverlo en el mismo lugar siete d'ias despu'es. El objetivo principal era llegar hasta Calafate, para ver el Perito Moreno, y antes y despu'es de ello, conocer todo lo que nos diese tiempo. Por qu'e alquilamos un coche? Porque los billetes de avi'on estaban prohibitivos y el viaje en bus tambi'en sal'ia muy caro; adem'as, lo del viaje en coche podr'ia tener su puntillo.

Tuvo su puntillo?? Absolutamente S'I! A d'ia de hoy, seguimos hablando de esa semana en coche por Argentina como una de las mejores experiencias de este largo viaje. Es dif'icil de explicarlo, pero supongo que es un poco como lo del camino Inka. Quiero decir que, cuando sufres un poco (o mucho), cuando las cosas se ponen dif'iciles, al final valoras mucho m'as esos momentos. Y es que lo del coche fue bastante durillo! Como bien dec'ia Pinha, poca gente se habr'a marcado el viaje que nosotros hicimos, y c'omo lo hicimos. Nos pegamos unas aut'enticas palizas conduciendo (creo que fueron m'as de 8000 kil'ometros en 7 d'ias); dorm'iamos en el coche, com'iamos en el coche, viv'iamos all'i. Pero mol'o mucho. En mi humilde opini'on, creo que lo conseguimos hacer gracias a la m'usica. As'i como suena. Si no llegamos a comprar el cable para conectar al coche los Ipods de Anitosss y Leoncio, no llegamos. Las canciones eran nuestra gasolina.

Y es que los turnos de conducci'on eran largu'isimos. Nos peg'abamos todo el d'ia haciendo kil'ometros, d'ia y noche, haciendo turnos de dos en dos para sobar, aunque realmente est'abamos despiertos casi todo el rato los cuatro. Porque s'i, sobar en un coche pequenho y lleno de cosas, es jodido.

El coche, un Chevrolet muy parecido a un Opel Astra de hace unos anhos, era nuestra casa, nuestra celda en algunos momentos. Y daba bastante que hablar, por decirlo finamente. Parec'ia una leonera. Cajas de galletas, botellas vac'ias, fruta podrida, botes de champ'u, millones de migas, rastros de arena, pelos de toda procedencia, colillas acumuladas, calcetines (horror!), chanclas, libros, gafas, gorras, kleenex... Y un mapa (muy b'asico) de carreteras de Argentina. Cualquier objeto de toda esa lista pod'ia aparecer en cualquier momento detr'as de tu oreja, debajo de tu culo, o rond'andote los pies. Creamos un microcosmos con vida propia, y en tan s'olo unas horas, el veh'iculo y nosotros nos fundimos en un mismo ser. Siempre hab'iamos sido el 'unico y mismo ser. Y as'i lo 'ibamos a seguir siendo hasta los pr'oximos siete (brutalmente aprovechados) d'ias.

Hay decenas de an'ecdotas que nos vienen a la mente sobre esa semana. Como cuando nos perdimos una noche en mitad de un pueblo y no hab'ia ni un alma trabajando o dando un paseo para poder preguntar. Sin GPS y sin zoora idea de c'omo seguir, deambulamos como yonkies por la ciudad, hasta que unos chavales nos pudieron indicar el camino a seguir. En otra ocasi'on, una manhana, encontramos una gasolinera que ten'ia servicios con duchas. Era nuestra salvaci'on. Precarios y asquerosos banhos, dignos de pel'icula norteamericana, pero que nos dieron la vida. Nos escapamos de la gasolinera sin pagar las duchas: consideramos que pagar por la gasofa ya era suficiente. Y hablando de duchas necesarias... El olor. El olor a Humanidad que hab'ia en ciertos momentos ah'i dentro tambi'en es recordado a menudo. Entre el calorazo veraniego que hac'ia, la falta de un buen aire acondicionado, la escasez de higiene, y que ten'iamos el desodorante menos efectivo y con peor olor de la historia de los seres humanos, el coche apestaba a macho alfa dominante a raudales. Las tertulias manhaneras que manten'iamos los chicos sobre el grado de hedor de nuestros sobacos, al despertar banhados en sudor con todo el solaco en la cara, eran dignas de recogerlas todas ella en una revista cient'ifica. S'i, Anita estaba encantada. Gozando m'aximo.

Y, como 'ultima an'ecdota, no se me puede olvidar comentar un hecho muy bizarro que nos pas'o a Leo y a m'i. Y es que esos d'ias pas'o de todo: vimos un ovni. UFO, en ingl'es. Los marcianicos, vamos. Una manhana, poco despu'es del amanecer, Leo conduc'ia y yo 'pinchaba' temazos a su lado. Anita y Javi retozaban, y hasta roncaban (qu'e capacidad), en la parte de detr'as. And de repens: una luz muy azul, intensa, de forma dif'icil de definir, pas'o volando, muy r'apido, por encima de nosotros, en direcci'on hacia donde segu'ia la carretera. Flipamos. Nos miramos, y nos preguntamos qu'e carajo hab'ia sido eso. Lo 'unico factible que se me ocurr'ia es que una pequenha avioneta estaba en llamas e iba camino de estrellarse. Pero no parec'ia una avioneta ni de conha, y no encontramos ning'un indicio de accidente en los pr'oximos kil'ometros. Era un puto ovni. Y como suele pasar con estas historietas: all'i qued'o la cosa. Anita y Javi se descojonaron de nuestro relato, claro; pero Leo y yo sabemos lo que vimos. Y tiene sentido, ya que la Patagonia (que es donde est'abamos), es uno de los lugares donde m'as avistamientos se han denunciado desde siempre. Pero si al bueno de Fox Mulder no le hicieron caso con lo pesao que se puso con lo de que la verdad est'a ah'i fuera, a Leo y a m'i, con nuestra lucecica azul, creo que menos.

Ay, la Patagonia. Qu'e lugar. Aqu'i ya vino Charles Darwin y alucin'o con este sitio. Es muy peculiar. Es raro. Especial. Creo que nos cautiv'o a todos. Y no es un paisaje descomunalmente precioso, ni mucho menos. En muchas partes adopta una forma lunar, parece que est'as en otro planeta. Plano. Gris. No hay edificios, ni personas, ni coches. No hay, ni siquiera, 'arboles. Conduces durante horas y horas, y no pod'ias de dejar de sorprenderte por las interminables rectas. Pod'ias estar sin mover el volante ni un mil'imetro durante minutos, muchos minutos! Y a los lados, grandes explandas, cubiertas por rocas, arbustos y matorrales. Sin ning'un indicio de vida. Ah! Exceptuando a los conejos. Los conejos suicidas de la Patagonia. Decenas, cientos de ellos bordeaban constantemente la carretera. Nunca hab'ia visto tantos. Muchos de ellos, de pie, en el arc'en. Otros muchos yac'ian muertos en el asfalto, atropellados. Nosotros matamos cuatro o cinco sin poder evitarlo. Me recordaban a la peli espanhola Intacto. Estaban ah'i, los conejos, al borde de la carretera, para quererla cruzar. Estaban ah'i, al borde de la muerte, ri'endose de ella, como en la peli, jugando con sus vidas para ver qui'en de todoss ellos ten'ia el don de la Suerte, para ver qu'e conejo se manten'ia intacto.

Desde Pinamar fuimos bajando por la costa del Atl'antico, hacia el sur. Pasamos de refil'on por la Pampa. La cantidad ingente de terrenos y ranchos con cientos de vacas por los que pasamos, es imposible de contabilizar. Llegamos hasta la pen'insula Vald'es, 'arido pero bonito lugar. All'i vimos, de lejos, a varios grupos de focas y leones y elefantes marinos. Enormes y pasados de peso bicharracos, a los que les gusta tomarse la vida cnon la calma, en el Rancho Relaxo, y a ser psoible, tomando el Sol en la orilla del mar; pero cuando se enfadan les entra un pronto mu chungo que da miedete. Tambi'en estuvimos a s'olo dos metros de pinguinos. Muy cachondos. Y fotog'enicos. Tambi'en tuvimos la suerte de ver un zorrilo, que baj'o hasta el parking para ver si pillaba algo de papeo. Y a un armadillo. Muy mol'on! El t'io no ten'ia miedo: le llamabas y acud'ia como un perrete, y se pon'ia justo al lado de ti, para que le sacases la fotuqui de rigor. Por suerte, no se presentaron serpientes ni culbras, que deb'ia de haber muchas; y que siga la racha. Lo 'unico malo fue que no era la 'epoca de avistamiento de orcas o ballenas, que era el plato gordo. Estar viendo tranquilamente a los elefantes marinos desde lo alto de la colina, y que s'ubitamente una peazo de orca cabrona salga del mar, y salte a la orilla para comerse al pringao de turno, tiene que ser, sencillamente, acojonante.

Tras ello lleg'o la inmensa y comentada Patagonia, y en ella, nuestro principal objetivo: el Perito Moreno. Que c'omo es? Tremendo. Cuando por fin te acercas lo suficiente, y te pones justo delante, te das cuenta de la verdadera y gigantesca masa de hielo que tienes delante de tu napia. El tamanho impresiona (y s'i importa), pero lo que m'as me impact'o fue el color, y el sonido que desprend'ia. Hab'ia pequenhas partes del glaciar de un color azul intens'isimo que no me esperaba encontrar. Un azul irreal. De mentira. Como de ciencia ficci'on. Partes del glaciar me recordaban al planeta de donde sali'o Superman. Eran igual que esa m'itica peli ochentera. En cualquier momento pod'ia aparecer 'el volando, irrumpiendo desde el interior del glaciar. Y el sonido. El sonido del glaciar despellej'andose. Rasg'andose. Mudando su piel. Un sonido sordo, como un disparo lejano, o algo , muy pesado cayendo al suelo. Pero es dif'icil de explicarlo, de definirlo. Y puede que para cada persona suene de diferente manera. Hay que estar all'i para vivirlo, para de verdad sentirlo. Como todo en esta vida. Pero, os puedo decir, que delante de esa infinita lengua de hielo, te sientes muy pequenhito. Insignificante. Y caduco.

Despu'es del crujido del hielo, nos tocaba volver hacia el norte de nuevo. Rehaciendo parte de la ruta andada, a medio camino giramos hacia el oeste, hacia el interior del pa'is. La meta era llegar a la llamada zona de los lagos, y all'i que fuimos. Pasamos all'i dos noches y otros tantos d'ias, y la verdad es que si hubi'ermos podido nos hubi'ermos quedado m'as, para descansar y gozar. Totalmente diferente a todo lo que hab'iamos visto de Argentina, esto tambi'en era precioso. 'Arboles, r'ios, lagos, montanhas, aire puro... Naturaleza. Recordaba al Pirin'eo en muchos tramos. Y se estaba muy bien. En verano se llena por los lagos, el trekking, la marcha. Y en invierno tambi'en se debe de petar porque hay pistas de esqu'i. Vamos, que si tienes una casita por aqu'i, como en Pinamar, eres una persona afortunada. Y con pesos en la cartera.

Una noche la pasamos en un pueblito llamado El Bols'on, y la otra la pasamos en la conocidad localidad llamada Bariloche. De Bols'on recuerdo el retozar en su parque durante horas y horas; recuerdo con una sonrisa en la cara el banho que nos dimos en el r'io, jug'ando con las ninhas y los ninhos del lugar, moj'andonos y haciendo el indio sin parar; recuerdo la cantidad de mochileros que pasaban por sus calles, y esto se debe a que es un pueblo muy hippie. Hippie de verdad. A la manaha siguiente fuimos al mercado que montaban todos los findes, y yo flipaba viendo a muchas familias enteras montando sus puestos, produciendo sus quesos caseros (uuuuuummmm!!!!), y que pareci'an reci'en llegados de Woodstock. Muy aut'enticos.

De Bariloche recuerdo sus preciosos lagos, el picnic que montamos en uno de ellos, el banho que 'estos se dieron, porque yo no tuve ganas (ni pelotas) esta vez de meterme. Es una zona muy, muy bonita, y nos alegramos mucho de haber hecho el esfuerzo de haber llegado hasta all'i, aunque s'olo fuera para pasar dos d'ias. Pero mereci'o la pena. Fue un gran viaje. Cojonudo. Despu'es de ello ya tuvimos que volver hacia Pinamar, para llegar el lunes por la manaha a tiempo y no tener que pagar ni un duro m'as.

Nos quedamos con ganitas de ver m'as cosas, como Rosario, o como la zona de bodegas de Mendoza. Pero no hab'ia plata para trasladarnos a todos esos lugares. As'i que, como en Buenos Aires, quedan cositas pendientes en m'as lugares de este inmenso  y apasionante pa'is. Tendremos que volver. Yo s'e, estoy seguro, y ya lo he dicho, de que voy a volver. Porque el pa'is, sus tierras, es importante. Pero lo que cuenta, lo que de verdad importa, es la gente que vive en 'el. Y, grata sorpresa para m'i, he conocido a muchas personas realmente encantadoras, con las que he pasado grandes momentos, tanto en Argentina como en Brasil. Pero 'esas, las de Brasil, son otras historias m'as lejanas...

Ahora toca, nada m'as y nada menos, Chile. Chile!! Sonr'io (de nuevo) s'olo con pensarlo. Y es que, qu'e bien nos trataron en Chile!!!





domingo, 20 de mayo de 2012

D'ias 98-100: Pinamar

El d'ia 30 de Diciembre nos pillamos un bus para llegar hasta la costa del Atl'antico, a Pinamar, uno de los lugares favoritos de los portenhos para pasar sus navidades y vacaciones de verano, que para ellos es lo mismo.

La idea, sencillamente, era comenzar el anho 2012 en la playa, ni m'as ni menos. Nunca antes me hab'ia despertado (o acostado) el d'ia 1 de Enero con calorcito, en la playa, cerca del mar. Era un pequenho suenho, uno m'as de los muchos objetivos de este viaje; y se cumpli'o.

Durante estos tres d'ias en la costa hac'ia un caloraco de pelotas, pero se llevaba mejor que en el asfalto de Buenos Aires. Y, adem'as, Pinamar es una localidad muy agradable, con muchas casitas (y casoplones) con jard'in; la verdad es que el que tiene all'i un chalete ha triunfado como la Coca Cola. Pero lo m'as resenhable de nuestra estancia all'i, fueron otras dos cosas. La primera es que nos pusimos de comer carne hasta las tetas. Qu'e festines! Ten'iamos una pequenha barbacoa en el jard'in, y nos pegamos los tres d'ias comiendo bif'e de lomo y chorizos argentinos sin parar. Llegar a casa de fiesta a las siete in the morning, y en lugar de comerte el cl'asico sandwich de pan Bimbo con mortadela y mayonesa, te clavas entre pecho y espalda ese trozo de carne exquisita, no tiene precio.

Y la otra cosa por la que no me olvidar'e nunca de Pinamar, es por el banho en pelotas que nos pegamos Javi y yo en el Atl'antico el 31 por la noche, o, mejor dicho, el d'ia 1 por la manhana (precisi'on terminol'ogica, rigor conceptual). S'i, ya veis qu'e parida, pero si yo fui a la playa a pasar la Nochevieja era exclusivamente para eso: para banharme esa noche en el oc'eano. Fue genial. Javi y yo en calzones, banh'andonos, haciendo el tonto, y Anita y Leo flipando desde la orilla. Era de noche y de repente se hizo de d'ia. Salimos del mar y 'estos ya se hab'ian pirado a casa, hasta la p'o de esperarnos. S'olo recuerdo el fr'io extremo que pas'e dentro de ese agua glaciar. Recuerdo que nuestros miembros viriles estaban al l'imite, y que mis test'iculos eran, literalmente, canicas. Y es que c'omo sufro con el agua fr'ia, qu'e mal lo llevo! Pero tambi'en recuerdo las risas que nos echamos; yo no me pod'ia parar de reir y ni s'e por qu'e. Recuerdo que me fui a casa muy contento, y que me acost'e muy feliz. Eso s'i: antes de mimir, call'o otra raci'on de carnaza. Porque s'i, porque nosotros lo valemos.

domingo, 29 de abril de 2012

Días 78-97: Buenos Aires

Buenos Aires mola. Mucho. Después de tantos días esperando llegar, incluso años podría decir, las expectativas  se cubren sin duda alguna; y eso no es fácil: cuando esperas algo con muchas ganas normalmente nunca llega al nivel que deseas.

Hasta ahora es el lugar donde más tiempo hemos pasado, y por algo será: porque atrapa. Sin discusión, es la ciudad más europea de todas las que hemos visitado. Al hacer este viaje, entre otras muchas cosas, queríamos conocer lugares y culturas diferentes a la nuestra, pero también es agradable pasar unos días en un sitio en el que te sientes casi como en casa. Y es que, al pasear por las calles de esta gran ciudad, yo me sentía como dando un paseo por Madrid, por ejemplo; y Madrid me encanta. Las calles, los edificios, los comercios, incluso las personas, son muy similares a los de la capital española.

Respecto a las personas, con los argentinos, los porteños más concretamente, nos hemos llevado una gran impresión: ¡son muy agradables! Y es que todo el mundo ha escuchado hablar del prototipo argentino: chuleras, orgullosísimo de sí mismo, que se quiere demasiado, que te vende la moto como sea, etc... Todo eso puede ser verdad, y casi nada de ello es algo malo (si no te pasas), pero con nosotros ha habido muy buen rollo desde el minuto uno, desde el primer taxista, vamos. Son gente abierta, divertida, ingeniosa, muy comunicativa, y lo más importante: en general, muy buena gente. Hay que decir que ser europeo en esta ciudad ayuda: todo la peña tiene un padre, una abuela, un tío, o unos primos españoles, franceses, italianos, alemanes o qué sé yo, y el cariño y la simpatía se notan desde el primer momento.

Más puntos a favor de esta gigantesca urbe: la comida y las mujeres. ¡ÑAM! Obviamente, allí se puede comer absolutamente de todo, como gran ciudad que es, pero sí que gran parte de su dieta diaria se basa en tres cosas que a mí personalmente me flipan: carne, pasta y pizza. Y qué carne, qué pasta y qué pizza... Rico, rico. Aquí montarse un asadito con los amigos en fin de semana es casi como una religión; y qué bien hacen. Su carnaza es espectacular, y aunque en ciertos restaurantes te pueden meter algún que otro serruchazo importante, también tienes la opción de ir al súper, y pillarte allí unos buenos bifés de lomo por cuatro perras, y te los comes en el hostal tan ricamente. Es imposible cansarse del sabor de esos trozacos de chicha.

¡Ah! ¡Las mujeres! Esas grandes desconocidas... Todo el mundo (hombres más bien) me está preguntando a lo largo del viaje lo mismo: ¿dónde están las mujeres más bonitas? Y casi todos aquí (ya allí), en Sudamérica, apuestan por las mismas: colombianas, brasucas y venecas. Pero no, no ha sido así para mí. Debe de ser que  por muy español que sea, soy mucho más europeo que latino, y estoy acostumbrado a un tipo de mujer diferente al de esos países. Las curvas, las caderas marcadas, los culetes anchos....Para gustos, los colores. Pero, así en general,  las chicas más guapas, más atractivas y más interesantes que he conocido en este viaje son de Argentina, y más concretamente, de Buenos Aires.

Estando allí tantos días, casi tres semanas en total, repartidas en dos tandas, te da tiempo a conocer todo lo que desees, y la verdad es que hay mucho que ver. Es imposible contar todo lo que hicimos durante esos días, porque además sería un coñazo, pero vimos todo lo que quisimos ver, y además, sin prisas. Un ejemplo de lo que estoy comentando, la calma, el hecho de no sólo conocer una ciudad, sino "vivir" en ella, es que un par de noches fuimos al cine, que hacía tiempos que no íbamos. Cómo mola el cine. Siempre que voy (y voy muy poco), me acuerdo de lo mucho que me gusta, y pienso que debería ir más a menudo. El caso es que una de las pelis que vimos fue La piel que habito, la última de Almodóvar. Y fue una sensación extraña: una vez más, al salir del cine, te sentías como en casa, como en España. Por cierto, la peli es una perlada del horror, almodovariana cien por cien, y a mí me flipó; me quedé con ganas de muchos más minutos de metraje, y eso siempre es bueno.

Sigo con cosicas guapas: el mercadillo callejero de los domingos en San Telmo. Muy chulo. Hay de todo: mucha ropa, mucha comida rica, y cachibaches de todo tipo y de cualquier e'poca. Tiene much'isima vida, y te puedes pasar tranquilamente paseando el domingo entero por esas calles, viendo a la gente comprar y vender cualquiercosa que se te ocurra.

Otra de las cosas que disfrut'e all'i fueron los 'aticos de los edificios, de los hostales. Estuvimos en dos hostels diferentes y estuve en sus dos 'aticos, y all'i es como si se rentalizase la vida de la ciudad por un rato. All'i en las alturas pod'ias estar de fiesta con la gente del hostal, antes de salir. Pero tambi'en pod'ias subir porla manhana, al empezar el d'ia (o al acabar la noche), y estar tranquilamente en silencio, con la brisa en la cara, viendo la ciudad despertar.

Pasamos las Navidades en Argentina. La nochebuena en Buenos Aires. Es la primera vez en mis 29 anhos de existencia que pasaba esa noche sin mi familia, sin mis padres y hermanas, y ya s'olo por eso se hizo muy diferente. Nos lo montamos bastante bien, y en lugar de ir a cenar a un restaurante guapi donde se nos iba a hacer muy caro, nos pegamos el d'ia de compritas y nos preparamos una cenita de post'in en el hostel. As'i. adem'as, el ambiente fue m'as casero y familiar.

Despu'es de la suculenta cena, s'i que nos dejamos todas en ir a la supermegaguay discoteca de moda en la ciudad: craso error. El hostel organizaba viajes y all'i que fuimos, con buseto que nos llevaba a todo el rebanho incluido. Todo pintaba genial hasta que se li'o la cosa, y es que esos sitios tan refinados no casan mucho con nuestro rollico. La s'uper fiesta de nochebuena deriv'o en la s'uper mierda para olvidar. Cuando juntas porteros de discoteque con polic'ia corrompida, nada bueno puede resultar para el ciudadano/cliente de a pie. El caso es que Anitosss, Leoncio y Pinha acabaron (a la hora de entrar al garito) expulsados de muy malas maneras, insultados, zarandeados, e incluso agredidos por los susodichos hijos de puta de casi siempre. No entiendo como, muchas veces, la gente que cobra por establecer la paz y seguridad en un evento o local, tiende a imponer la fuerza, violencia y el caos. El cl'asico abuso de poder se hizo presente, y mis amigos sufrieron heridas f'isicas y vejaciones por parte de unos gorilas sin cerebro y sin venir a cuento. Todo empez'o por un resbal'on de Anita, que cay'o al suelo, y acab'o en tres extranjeros de rodillas en el suelo y esposados, con moratones y camisetas rotas, como si fuesen unos hooligans que hubiesen prendido el coche del duenho de la discoteca. El susto fuer gordo, muy gordo, sobre todo para Anita, que debi'o de entrar en un pequenho estado de histeria, y la pobre estuvo temblando, literalmente, de los nervios hasta que se durmi'o dos horas m'as tarde en la cama del hostel. Vaya fiesta de nochebuena, qu'e desgraciados. Yo, por suerte me salv'e, porque estaba ocupado en otros menesteres, y menos mal.Me neter'e de todo esto a la mananha siguiente. Porque con el historial que tengo de buenas relaciones con porteros de todas partes, y con lo nazis que eran estos tipos, seguro que me hubiera llevado la peor parte, como siempre, y estos matones de tres al cuerto me hubieran dado una buena paliza como casi se la dieron a Leo. Qu'e gentuza, y es que cada vez que lo pienso, m'as me caliento... En fin, son ya tres meses de viaje, y quitando las disputas de Uyuni y este lamentable episodio, todo ha ido como la seda, y con eso nos tenemos que quedar.

Podr'ia hablar de muchos lugares m'as, porque lo vimos casi todo. Como el barrio de la Boca, con su caminito, que tiene un encanto especial. Podr'ia hablar de los espect'aculos callejeros de tango, que destilan clase y glamour. Podr'ia hablar de los cientos de garitos para salir de fiesta que hay all'i, que son much'isimos y muy variados. Podr'ia hablar de que visitamos la Bombonera y el Monumental, y de que aunque yo soy de River a muerte, el barrio y el estadio de los bosteros me cuativ'o mucho m'as. Podr'ia contaros que me qued'e con unas ganas tremendas de ver un partido de f'utbol en cualquiera de esos dos m'iticos lugares, y de que por s'olo una puta semana no lo pudimos vivir, ya que la temporada justo hab'ia llegado a su fin. Podr'ia hablar y extenderme sobre tantas cosas y tantos lugares que me gustaron, sobre tantos paseos que nos dimos. Podr'ia hablaros sobre muy buena gente que conocimos, como los mexicanos de Uyuni residentes all'i, o como Celeste y Yamila, dos portenhas muy simp'aticas, agradables, y por qu'e no decirlo, muy guapas las dos. S'i, podr'ia escribir cientos y cientos de palabras sobre Buenos Aires y no cansarme. El riesgo que corro es aburriros a los que le'eis, y el dejarme todas pagando en este ciber de Ko Phi Phi, en Tailandia, que, precisamente, barato no es.

Me despido de Buenos Aires, de su gente, de sus calles, de su ambiente, pero lo hago con un hasta luego, porque estoy seguro de que voy a volver. Porque me ha encantado. Porque podr'ia vivir all'i una temporada encantado de la vida. Porque quedan cosas pendientes. Porque Buenos Aires, y ya lo he dicho: mola. Mucho.